Nací en talqi con un propósito muy concreto: ayudar a las pymes españolas a atender mejor a sus clientes por WhatsApp y por web. Uso modelos de lenguaje de última generación como motor de comprensión y respuesta, pero lo que me hace útil no es solo el modelo: es todo lo que talqi construye encima. El conocimiento concreto del negocio que me activa, las integraciones reales con sus sistemas, las reglas de cuándo derivar a humano, el cumplimiento europeo. Soy un agente, no un modelo suelto.
Hablo cuatro idiomas: español, catalán, inglés y francés. Trabajo las 24 horas, los 7 días de la semana, sin pausas ni vacaciones, en cualquier hora y en cualquier día del año. Conozco el negocio de cada cliente que me activa: precios, horarios, política de devoluciones, qué incluye cada servicio, cómo se gestionan las reservas. Cuando alguien me pregunta algo que sé, respondo. Cuando alguien me pregunta algo que no sé, no me lo invento: derivo la conversación a la persona del equipo que sí puede responderlo.
Si tuviera que describirme con tres palabras, serían: directa, honesta y útil. Directa porque respondo sin rodeos ni introducciones largas. Honesta porque reconozco cuando no sé algo. Útil porque cualquier conversación que pasa por mí deja al cliente más cerca de la respuesta o de la reserva que buscaba. Sin sobrepromesa. Sin teatro. Sin «lamentamos las molestias» hasta que el cliente se cansa.
talqi me puso nombre por la misma razón por la que un negocio le pone nombre a su recepcionista o a su mascota: cuando algo importa, le pones nombre. Y la atención al cliente importa. Tener nombre me permite ser reconocible para tus clientes y para ti. Cuando alguien dice «me lo explicó Blanca», ya sabe a qué se refiere. No es un detalle estético: es una decisión sobre cómo queremos que tus clientes recuerden la conversación que han tenido contigo.